Descubierto por el matemático griego Arquímedes en el siglo III a.C., este principio establece una ley fundamental de la estática de fluidos. Dicta que todo cuerpo sumergido total o parcialmente en un fluido (líquido o gas) experimenta una fuerza de empuje hacia arriba.
Esta fuerza ascendente es exactamente igual al peso del volumen del fluido que el objeto ha desplazado. Es la razón por la que los enormes barcos de acero pueden flotar en el océano, o por qué te sientes más ligero cuando te sumerges en una piscina.
Donde:
E = Empuje hidrostático (N)
∂ = Densidad del fluido (kg/m³)
g = Aceleración de la gravedad (9.8 m/s²)
V = Volumen del fluido desplazado (m³)